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Published on Septiembre 9th, 2013 | by zapata131

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Dune: el gran libro que no llegó a ser el fenómeno que merece

Yo soy del desierto. Quizás eso me ayudó a querer aún más a este libro. En el árido desierto del noreste de México, un niño que no puede más que quedar fascinado al leer una historia con gusanos de arena gigantes que son capaces de comerse vehículos del tamaño de un autobús, una historia en lo que siente es en un escenario tan conocido (con paisajes con los que está familiarizado) pero a la vez tan extraño.

Estoy hablando de Dune, la obra maestra que surgió de la imaginación de Frank Herbert y que de alguna manera se ha convertido en un clásico para cualquiera que haya querido empaparse de ciencia ficción en los últimos cincuenta años. La historia sucede en un planeta completamente desértico llamado Arrakis, que es la única fuente de la substancia más preciada de todo el universo. Dune es una novela épica en la que encontramos traiciones políticas. un trasfondo ecologista y un dejo mesiánico, elementos capaces de mantener entretenido al lector más exigente. Ganó grandes premios de ciencia ficción como Hugo y Nebula y vendió más de doce millones de copias durante el tiempo de vida de Herbert. El año pasado fue nombrada le mejor novela de ciencia ficción de todos los tiempos según las encuestas de los lectores de Wired.

Algo que es curioso acerca de Dune es que no llegó a penetrar en la cultura popular como lo hizo El Señor de los Anillos o Star Wars, a pesar de lo grande que es. No hay convenciones de Dune. Las frases famosas del libro no han permeado en el lenguaje de todos los días («El miedo es el asesino de la mente»). Aún así, hemos encontrado muchísimas secuelas, precuelas y spin-offs, muchísimas de las cuales saturaron el mercado después de la muerte de Herbert en 1986. Hoy en día hay casi veinte novelas de Dune, películas (una de las cuales estaba a punto de ser dirigida por Jodorowsky), juegos de video (uno de los primeros juegos de estrategia en tiempo real) y mucho más. La verdad es que convertir Dune en una franquicia tan grande fue contraproducente, en lugar de darle algo bueno a los lectores y aumentar el acervo relacionado con Dune, lo que se ha logrado es minimizar el gran poder de la novela original.

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Pero quizás hoy, con todo lo que está pasando, la novela esté más vigente que en cualquier otro momento. Con recordatorios diarios del calentamiento global, la sobreexplotación del petróleo y la concentración de riqueza en medio oriente por los magnates petroleros, la novela se ha refrescado completamente ante los ojos de las nuevas generaciones. Si alguna vez la leyeron y no lo han hecho en un tiempo, les recomiendo que lo vuelvan a hacer, es una experiencia completamente nueva a la luz de nuestra realidad actual.

Como lo hacen las mejores novelas de ciencia ficción, Dune logra crear un universo complejo y completamente lógico en su propia realidad con sólo mostrarnos una pequeña parte del mismo. El libro se sitúa veinte mil años en el futuro y se centra en la batalla por el control de Arrakis, la única fuente de especia o melange, una sustancia adictiva que prolonga la vida y en algunos casos puede dar pequeñas visiones del futuro. La melange es también una parte escencial para el viaje interestelar. ya que le permite a los pilotos ver en el futuro para poder trazar su curso. Si imaginamos una sustancia con el valor combinado del petróleo, la cocaína, el café y el alcohol y se podrán dar una idea de lo importante que es la especia.

Dune, el libro

Dune se lleva a cabo en una sociedad feudal que es regida por familias nobles en un imperio presidido por el Emperador Shaddam IV. Al inicio de la novela, el Duque Leto Atreides es nombrado gobernante de Arrakis por orden imperial, derrocando a los malvados Harkonnens que tiranizaron el planeta casi un siglo. No mucho después de su llegada los Atreides son traicionados por uno de los suyos, en favor de los Harkonnen, quienes ayudados por las fuerzas imperiales vuelven a tomar control de la especia, todo dentro de una red de corrupción y complicidades. Aún así, la concubina de Leto Atreides, Jessica, logra escapar junto con su hijo Paul, con quien se aventura en las profundidades del desierto y viven con los nativos del planeta, una tribu global que se hacen llamar los Fremen, quienes han aprendido a domar el inhóspito desierto de Arrakis. De alguna manera, Paul se convierte en un Lawrence de Arabia que usa el fanatismo religioso para unir a los Fremen en un movimiento insurgente que termina por vencer a los Harkonnen, arrincona al Emperador  y logra poner a Paul en el trono imperial.

Como ven, es un universo de política realista y maquiavélica, ciencia ficción que es vista a través de los ojos de alguien que vivió en plena Guerra Fría. Hay pocas cosas lindas o bonitas; no hay ningún ewok o pequeños hobbits. El libro es invlemente como el clima que relata y la única novela acrual con quien podría compararla sería con la saga de A Song of Ice and Fire. Incluso el héroe no se ve conmovido por la muerte de su padre, cosa que afecta a su madre. En lugar de estar de luto, empieza a planear como acabar con sus adversarios. Y sí, aunque quizás los Atreides no sean el equivalente a un Stark, cualquiera puede ver al Barón Vladimir Harkonnen junto con los Lannister de Westeros y sería una alianza por lo más natural.

Quizás una de las razones por las cuales Dune no tiene todo un fandom entre los fanáticos de la ciencia ficción es la ausencia dos de las cosas más comunes dentro del género: robots y computadoras. Y no se trata de algo que Herbert simplemente no incluyó, sino una decisión completamente consciente. Según la historia en el libro, siglos antes de que los eventos descritos en la novela sucedieran, los humanos se rebelaron y destruyeron todas las máquinas pensantes. Este momento es conocido como el Jihad Butleriano y su principal motivación era cuasi-religiosa: el evitar que se alzara el dios de la lógica-máquina y que el hombre no fuera reemplazado. Todo esto se convierte en un despertar espiritual que termina produciendo un mesías: Paul Atreides.

No hay Internet en el universo de Herbert, no hay lindos robots que hacen sonidos extraños y que llevan mensajes, no hay ciberguerras, no hay wikileaks ni Twitter ni Reddit ni nada del estilo. Este énfasis en un mundo no tecnológico hace que el enfoque vuelva a la gente misma y permite la presencia de todo el misticismo religioso que es poco común en la ciencia ficción. Quizás un futuro que está poco relacionado con la realidad de muchos lectores actuales, pero que muestra otra posibilidad.

Herbert tiene una gran influencia —en el sentido religioso— del budismo zen y el texto de Dune está lleno de koans. Una de las frases que más se recuerda de la novela es que «Arrakis enseña la actitud del cuchillo… cortar lo que es incompleto y decir: ‘Ahora ya está completo porque acaba aquí». Por desgracia, el Universo de Dune no siguió su propio consejo. De otra manera, quizás tendríamos uno de los fenómenos más grandes de la ciencia ficción.

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2 Responses to Dune: el gran libro que no llegó a ser el fenómeno que merece

  1. ignarum says:

    Yo nada más leí los primeros 3, igual que los de la Fundación de Asimov; no sé por qué tengo la idea de que las trilogías originales son ‘las buenas’.

  2. Supongo que el triunfo de Dune como novela es tambien su fracaso como franquicia.

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